Racing 0 – Tigre 0. “De avellaneda a Tigre sin conductor”.

 El 0-0, a fin de cuestas, dejó a los locales con sabor a poco ante un rival timorato y amarrete. El camino es largo y a Racing le cuesta, pero de seguir así seguramente las alegrías serán más que las tristezas.


El equipo de Llop fue más desde el arranque, cuando impuso el ritmo del desarrollo a partir de la frescura, el entusiasmo y la vitalidad de sus pibes. Racing dominó especialmente la puja en los costados, donde el tándem conformado por Sosa y Prichoda por derecha y Shaffer y Lucero en el sector opuesto ganaron siempre. Tigre se vio desbordado a punto tal que Cagna reacomodó a Morel para formar la doble línea de cuatro, desechando la función de armador. Hasta que en el entretiempo directamente decidió su reemplazo y colocó a Jerez para fortalecerse por los andariveles. Recién entonces el encuentro se equilibró.

Como contrapartida de sus virtudes, Racing acusó uno de sus males más característicos de estos tiempos difíciles: la falta de profundidad. Moralez no tuvo un socio y él mismo abusó de la maniobra personal, aunque fue el que más buscó y con tres intentos suyos en el complemento agrandó la figura de Islas. Los locales también tuvieron el gol en los pies de Lugüercio (salió lesionado en el entretiempo) y Sosa, más un cabezazo del ingresado Sánchez Sotelo. No pudo ser.


Encarnado en Mercado, quien se hizo expulsar por doble amonestación a raíz de una evitable infracción a Luna, otro defecto que exhibió Racing fue incapacidad para aprovechar su momento en el partido. Porque cuando era superior desde hacía rato y Tigre se había quedado con 10 hombres debido a la injusta expulsión de Castaño (Raffa, de paupérrima labor, echó al volante de Tigre por una inexistente agresión a Yacob), también perdió a un jugador. Entonces, el cuadro de Llop, que había hecho el gasto durante el grueso del encuentro, se fue quedando sin energías y la paridad pasó a gobernar las acciones, amén de las manifestaciones individuales de Moralez sobre el arco rival.

Lo de Tigre fue decididamente flojo. Sufrió el primer tiempo, le costó una enormidad hacer pie y no pesó en ataque. Apenas un cabezazo de Luna y un disparo desde larga distancia del ingresado Rusculleda, ambas en el complemento, fueron el registro total de sus intentos ofensivos. Tigre sigue sufriendo la ausencia de un armador que haga que le llegue limpia la pelota a los delanteros para que puedan definr un partido.

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