Tigre 0 – Boca 0.

Boca quiso más, tuvo más chances e, incluso, convirtió un gol. Tigre apretó por momentos y también contó con algunas ocasiones. Al fin y al cabo no pasaron del cero y tuvieron que conformarse con un empate que no le sirve a ninguno.
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El desarrollo fue fluctuante, cíclico. Hubo momentos de intensidad y otros de sopor. En ese contexto, la pelota rodó en campo local durante la mayor porción del encuentro. Boca fue por la victoria, pero le faltaron cinco para el peso. Sentenciar que el equipo de Ischia extrañó a Riquelme sería algo pretencioso y, también, injusto con Gracián, que no hizo un mal partido. Pero allí donde Krupoviesa –el mejor jugador de la calurosa tarde en Victoria- empujó desde el fondo y hasta se dio el lujo de hacer tres caños, no encontró un socio en Gaitán, apagado e impreciso. Lo mismo le faltó al Tano. Figueroa tuvo tres ocasiones netas (en el arranque eludió a Islas y, con el arco a su disposición, su remate dio en el travesaño) en la primera parte, pero Palermo dispuso de su primera oportunidad recién cuando transcurría el complemento. Esta vez, la visita no tuvo el rapto de inspiración que muchas veces lo hace festejar aún sin jugar bien. Tampoco tuvo regularidad en el rendimiento de sus principales hombres.

En el complemento se produjo la acción polémica de la tarde. Gracián se disfrazó de Riquelme y le colocó un pase genial a Figueroa, quien picó habilitado y definió con frialdad ante la salida de Fritzler. Sin embargo, el línea observó una posición adelantada que no existió y Beligoy anuló la conquista.

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Tigre se pareció más al de las fechas antecedentes que a aquel subcampeón del campeonato pasado. Morel prácticamente pasó inadvertido y Luna entró poco en juego. Lazzaro fue el hombre más peligroso en el local, el que contó con alguna chance que pudo haber torcido la historia, pero no pudo ser. El equipo de Cagna sintió la floja tarea de Castaño, ese conductor que juega de cinco. Gracián no lo dejó moverse cómodo y él mismo careció de precisión en sus intervenciones. Con el mediocampista nacido en Lincoln sin sus mejores fulgores, Tigre resignó gran parte de su potencial y eso se sintió.

Ambos técnicos intentaron torcer el rumbo del encuentro a partir de sus cambios. Ischia buscó agresividad con los ingresos de palacio y Mouche, con lo que Boca jugó con tres delanteros durante la última parte del encuentro, pero no fue lo ofensivo que se esperaba. Cagna procuró lo mismo con los ingresos de Rusculleda y el hábil juvenil Botta. Todo se mantuvo igual. La pizarra se mantuvo inalterable y los dos lo lamentaron.

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